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Baena

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BAENA

Geografía

Baena está integrado en la comarca de Campiña Este – Guadajoz, de la que ejerce de capital, se sitúa a 61 kilómetros de Córdoba.

El relieve del territorio está definido por la campiña cordobesa al norte y las primeras estribaciones de la Cordillera Subbética al sur. El río Guadajoz atraviesa el término casi transversalmente de suroeste a oeste y su afluente el río Marbella baña al propio núcleo urbano. El río Guadalmoral hace de límite con Nueva Carteya por el oeste. Destacan algunos cerros dispersos por el territorio como Torremorana (687 metros) y Castania (648 metros).

La altitud oscila entre los 797 metros al sur (pico Serrezuela), en la sierra de Baena, y los 230 metros a orillas del río Guadajoz. Baena se alza a 463 metros sobre el nivel del mar.

PROVINCIA: Córdoba
COMARCA: Campiña de Baena
UBICACIÓN: 37°37′10″N 4°19′34″O
GENTILICIO: baenense
ALTITUD: 463 m
SUPERFICIE: 362,51 km²
POBLACIÓN: 18.764 hab. (sept. 2023)
DENSIDAD: 53,86 hab./km²

Etimología

El nombre de Baena procede de Baius, nombre de un hacendado romano, que en la época árabe se transformó en Bayyana. A su vez, es la transcripción del nombre de una de las múltiples villas romanas que perviviría hasta la época visigoda y que en el siglo VII los invasores árabes-beréberes escogieron como lugar de asentamiento, fortificándola. En el término municipal de Baena abundan los restos ibero-romanos (Torreparedones, Izcar, cerro Minguillar, etc…).

Historia

PREHISTORIA Y EDAD ANTIGUA

Son numerosos los testimonios arqueológicos que ponen de manifiesto el asentamiento humano en la zona desde tiempos prehistóricos, destacando los yacimientos procedentes de la Edad de los Metales, además del legado cultural dejado por los íberos, con numerosos hallazgos religioso-funerarios (Torreparedones), entre los que se encuentra la llamada Leona de Baena, conservada en el Museo Arqueológico Nacional. Esta escultura fue hallada en el cerro del Minguillar, donde se cree que se hallaba Iponoba, ciudad ibérica citada por Plinio el Viejo.

No está fehacientemente comprobado que los romanos distinguieran a este núcleo de población con la denominación de Julia Regia o Virtus Iulia por la ayuda que prestó a Julio César en la batalla de Munda contra los hijos de Pompeyo.

Posiblemente su ubicación actual también se deba a la civilización musulmana: Baena cambia su emplazamiento en un intento de hacer de ella una ciudad fuerte contra el enemigo y dotándola de la Almedina, en cuyo seno construyen el castillo, la mezquita (la última parte de esta se cree que podría ser el primer cuerpo de la iglesia de Santa Mª la Mayor) y a su alrededor una población formada por mandos del ejército y la nobleza lugareña.

EDADES MEDIA Y MODERNA

Durante el siglo IX fue tomada por el rebelde muladí Umar ben Hafsun, mientras que el siglo siguiente albergó la alcazaba donde residían los gobernadores de la cora de Cabra. Las Tercias, las riquezas acumuladas por la Iglesia y el pago de los diezmos en especie, hicieron necesaria la construcción de edificios adecuados que sirviesen para estos fines.

En 1240 fue conquistada de forma pacífica por Fernando III, quien la entregó a su hermano, el infante Alfonso de Molina. La tenencia de la fortaleza de Baena fue desempeñada posteriormente por Rodrigo Alfonso de León, hijo ilegítimo de Alfonso IX de León, y según algunos historiadores a su muerte la tenencia de Baena pasó a manos del infante Juan de Castilla «el de Tarifa», hijo de Alfonso X el Sabio.

Durante el reinado en Granada de Muhámmad II fue asediada Baena, luchando cinco caballeros cristianos con cinco mahometanos a los que vencieron, de ahí el escudo de la ciudad.

Es a principios del siglo XV cuando se concede en señorío a Diego Fernández de Córdoba, pero se entabla un pleito en su contra, si bien lo recibe finalmente a mediados de siglo. Con esta familia, durante el primer cuarto del siglo XVI, se ejecuta la mayor parte de la fábrica de la Iglesia de Santa María la Mayor y también el Convento de Madre de Dios.

El siglo XVI se caracteriza por un fuerte crecimiento demográfico, seguido, como en muchas localidades españolas, de una profunda crisis en el siglo XVII e indicios de recuperación en la centuria siguiente, en la que la agricultura va a ser de gran importancia en la economía de la ciudad, aunque caracterizada por un mal repartimiento de la tierra, dominada por el latifundismo y un gran número de campesinos sin tierra.

La abolición de los señoríos en el siglo XIX supuso una esperanza en cuanto a la redistribución de la tierra, que resultó defraudada, como en muchos lugares de España, puesto que las tierras puestas en venta fueron a caer en manos de los más ricos. Como ejemplo baste citar que en 1821 se produjo el reparto del Monte Horquera, en el que se privatizaron más de 8000 fanegas de tierra. Sus nuevos propietarios, quizás por falta de recursos económicos u otras causas, vendieron dichas propiedades que fueron adquiridas por los más hacendados.