Para comenzar nuestro itinerario turístico partiremos desde la puerta principal –al Sur- del Parque Ramón Santaella, no sin haber realizado antes un recorrido por el mismo. En su interior podemos encontrar árboles centenarios, que deslumbran en los meses de primavera y refresca los sofocantes calores estivales.
Nuestro paseo continuará por la Travesía Sto. Domingo de Guzmán, donde haremos un alto para visitar la Iglesia Nuestra Señora de Guadalupe y el Paseo aledaño de Santo Domingo de Guzmán sin olvidar el monumento “A las olivareras, a los olivareros” de Baena, realizado por el polifacético artista baenense Francisco Ariza.
La Iglesia Ntra. Sra. de Guadalupe fue fundada en 1527 por D. Pedro Fernández de Córdova junto a la
hermita de San Sebastián datada ésta en el año 1490. Sufrió diferentes reformas y actualmente su interior lo compone una gran nave central, sin crucero, y dos naves laterales estrechas. Destaca el gran artesonado mudéjar que cubre la capilla mayor junto con el retablo mayor de madera tallada y policromada del segundo tercio del siglo XVIII con columnas salomónicas de seis vueltas. En el templo también podemos encontrar la talla del Cristo de la Sangre, de carácter manierista, fechada en el siglo XVII y perteneciente a la escuela granadina, que fue declarado como bien cultural por la Junta de Andalucía en 1988.
Respecto al Paseo de Santo Domingo de Guzmán, hay que señalar su reforma actual que ha hecho de él un agradable espacio y un balcón abierto hacia la Subbética cordobesa que, rematado por el Monumento “A las olivareras, a los olivareros”, ofrece una visión típica y tradicional de la comarca.
Continuamos nuestro recorrido hacia la Plaza de España donde vislumbraremos el monumento a D. Joaquín del Pino y Rozas, hijo ilustre de Baena y nacido en la localidad en 1729. Fue mariscal y gobernador del Reino de Chile entre 1797 y 1801 y Virrey del Río de la Plata hasta 1804, año en el que falleció.
A partir de aquí y ascendiendo por la calle Cardenal Herranz Casado, popularmente conocida como Calzada, comienza el recorrido histórico de la Villa, donde conviven manifestaciones de las distintas etapas de su pasado. En este ascenso nos detendremos ante la plaza de Amador de los Ríos, donde se rinde homenaje al polígrafo y ensayista del S.XIX Don José Amador de los Ríos. La figura de Amador ha sido reconocida con diferentes honores y condecoraciones por su trayectoria en el mundo de las humanidades y desempeño de cargos públicos. Entre las mismas destaca La Gran Cruz de Isabel la Católica que tiene como objeto premiar aquellos comportamientos extraordinarios de carácter civil en beneficio de la nación.
Enfilamos la empinada Calzada para desembocar en la Plaza de la Constitución, antiguamente llamada “Del Coso”, plaza singular al coincidir en ella edificaciones barrocas del S. XVIII con otras de construcción reciente y estilo propio del S. XXI. Alberga las figuras de bronce de Sto. Domingo de Henares y del famoso literato, del S. XV, Juan Alfonso de Baena. El primero, misionero dominico baenense de finales del S. XVIII y proclamado obispo en 1802 en Tonkín, hoy Vietnam, donde fue hecho mártir; y, el segundo, recopilador del manuscrito Cancionero de Baena, destinado para el deleite del rey D. Juan II de Castilla.
Lo primero que encontramos en el margen izquierdo de la plaza, es el Monumento al Judío elevado sobre una columna como símbolo cultural y vivencial de la Semana Grande de Baena.
Lo que más destaca en el conjunto arquitectónico es el edificio conocido como Casa del Monte, que fue edificado en 1774 con los fondos provenientes del caudal del Monte Horquera, propiedad común vecinal, y que ha servido para múltiples usos desde entonces. Su fachada es de piedra, mampostería y ladrillo visto.
Al frente está situado el Ayuntamiento, obra de reciente construcción y Premio Obra de Nueva Planta otorgado por el Colegio Oficial de Arquitectos de Andalucía Occidental en 1.989.
En el margen derecho está ubicado el Teatro Liceo, centro de actividades culturales, en cuya planta superior está situado el “Centro de Documentación Juan Alfonso de Baena”, referencia obligada y
sede mundial de cancioneros medievales.
A pocos metros de la Plaza de la Constitución , adentrándonos por la calle Santo Domingo de Henares, se alza la Casa de la Tercia, edificio de carácter económico, destinada en sus orígenes a guardar diezmos y rentas de la iglesia. Su construcción finalizó, según inscripción del patio central, en 1795. Actualmente acoge el Museo Histórico Municipal. Ascendiendo por la misma calle, llegamos a la casa que vio nacer a nuestro mencionado ilustre José Amador de los Ríos.
Frente a ella encontramos, embutida en la pared, una cruz conocida como “Cruz de Beltrán” en recuerdo del caballero del Hábito de Calatrava, asesinado en 1783 en ese mismo lugar.
A partir de aquí y, girando a la izquierda, el camino se allana, comenzando un recorrido por la “Almedina”, a través de calles estrechas y sinuosas que desembocan en plazas y plazuelas, típica ordenación del urbanismo árabe. Así, por la calle Arco de la Villa llegamos a la Plaza del Ángel que toma su nombre del monumento a S. Rafael que preside dicha plaza.
En uno de sus márgenes, nos encontramos la Iglesia de Santa María la Mayor. Este templo es de estilo Gótico-Flamígero del S. XVI, aunque aparece datada en el siglo XIII. Destacan: la reja Plateresca de suma importancia, tal vez la más importante y grandiosa de la provincia de Córdoba, el retablo plateresco, la imagen gótica del Ntra. Sra. de la Antigua y la Custodia procesional repujada en plata de estilo Barroco y Plateresco. Está declarada como Bien de Interés Cultural.
Tiene dos puertas de entrada: la Puerta del Ángel y la Puerta del Perdón. La
primera, es obra de principios del S.XVI y en ella cabe destacar la cuadrícula que presenta en jambas y en dintel, propia de la arquitectura cordobesa y análoga al convento Madre de Dios. Sobre el dintel, sostenido por ángeles, presenta un friso con escudos de la casa de Córdoba y coronado por una macolla. En la parte superior de la misma se encuentra una inscripción latina que hace referencia a la restauración llevada a cabo por el obrero don Eugenio Antonio Caballero en virtud de una orden del obispo don Martín de Barcia en 1771. La segunda, es de estilo plateresco.ç
A escasos metros de donde nos encontramos y siguiendo el mismo sentido de la calle, llegamos al Convento de Dominicas de Madre de Dios, fundado en 1510 por el tercer Conde de Cabra y quinto Señor de Baena D. Diego Fernández de Córdova. Lo primero que nos llama la atención es la entrada al patio de dicho convento, al que se accede a través de una puerta con frontón triangular en cuyo dintel se halla el escudo de dicha Orden. El patio es claustrado sobre columnas y capiteles de transición del ojival al renacimiento, conservándose parte de él. El suelo es de baldosa roja rectangular con olambrilla, el techo de viguería y gran variedad de azulejería por solera.
Siguiendo nuestro camino desembocamos en la Plaza de Palacio, desde donde podemos observar la puerta principal o atrio del Convento, vestigios del castillo y un arco que en sus orígenes sirvió para establecer comunicación entre los Señores de Baena, que moraban en el Castillo, con sus hijas que tomaron el hábito en este Convento.
La puerta principal, precedida por un arco carpanel, se halla ubicada dentro de un pórtico con un admirable
artesonado mudéjar, en la que cabe destacar la cuadrícula cóncava y convexa en jambas y dintel, típica de la arquitectura cordobesa y en obras civiles más que en religiosas. A diferencia de la Puerta del Ángel de Santa María la Mayor, en el dintel de aquella descansa un arco trilobulado que cobija una Anunciación y tres escudos, uno dominicano y dos de los Fernández de Córdova.
Frente al Convento se encuentra la entrada principal del Castillo, que fue a su vez palacio y fortaleza. Fue construido por los árabes en el S. IX y ampliado en el S. XII almohades y almorávides.
El Castillo tuvo de siete, a de diez torres, además de dos puertas de entrada; la principal, llamada de la Placeta –ubicada en la Plaza de Palacio-, y, en el lado opuesto la, hoy desparecida, Puerta del Campo.
En el lado izquierdo de la puerta principal hubo una torre denominada “de las Arqueras”, donde estuvo preso Boabdil.
Abandonando la Plaza de Palacio, por el lado que nos adentra en la calle Llano de Santa Marina, llegaremos a la Iglesia de Santa Marina. Originariamente el convento fue hospital de agudos denominado “Hospital de Jesús Nazareno”. Debe su fundación a los hermanos Marichica en 1711. Si nos adentramos por la puerta enrejada de acceso al antiguo hospital, se podrá contemplar un patio claustrado en columnas y capiteles configurando sencillos arcos de medio punto, cuyo suelo lo forma una azulejería ajedrezada y el techo, travesaños de viguería. s por la puerta enrejada de acceso al antiguo hospital, se podrá contemplar un patio claustrado en columnas y capiteles configurando sencillos arcos de medio punto, cuyo suelo lo forma una azulejería ajedrezada y el techo, travesaños de viguería.
Como colofón a nuestro recorrido, visitaremos el Mirador del Hospital para contemplar panorámicamente el ensanche de Baena y toda su comarca extendiéndose hasta las Sierras Subbéticas, además de la conocida “Torre del Sol”, que formaba parte del recinto fortificado de la Almedina.
Nuestro trayecto finalizará en la Plaza de la Constitución, descendiendo por la calle Juan Ocaña, para disfrutar de este encuentro con una copa de buen vino y aceitunas de la tierra en el Mesón del Monte.
Baena dispone de amplios parking subterráneos públicos tanto en el Paseo Santo Domingo de Guzmán como en la Plaza de la Constitución y Plaza de Palacio.
Excmo. Ayuntamiento de Baena
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