Baena

Ciudad del olivar y el aceite

Historia

Término Municipal

Vista panorámica de Baena

 

La gran extensión del término municipal y su ubicación en terrenos fértiles de campiña, atravesados por ese curso fluvial que es el río Guadajoz, han originado un intenso y prolongado poblamiento que hunde sus raíces en las etapas más antiguas de la prehistoria. Aunque no hay pruebas firmes, la ocupación humana en el actual término municipal de Baena debe remontarse al Paleolítico. Pero será durante la Edad de los Metales cuando las tierras ocupadas por el actual término municipal se vieron ocupadas, de forma clara, por comunidades que basaron su modo de vida en la agricultura cerealística y en la ganadería, surgiendo además la práctica de la metalurgia.

 

Con la llegada de los influjos coloniales del Mediterráneo oriental (fenicios y griegos), hacia los siglos VIII-VII a.C., el poblamiento se incrementa de forma notable surgiendo grandes núcleos habitados que se rodean de fuertes murallas, como Torreparedones. Estas urbes, gobernadas por élites de rango aristocrático, alcanzan durante la época ibérica un alto grado de desarrollo que se plasma en la construcción de notables monumentos (la mayoría de carácter funerario) decorados con esculturas de animales que, en el caso de Baena, corresponden en su mayoría a felinos, aunque también se tallan otras figuras zoomorfas como el lobo, el toro, el ciervo o el jabalí. Junto a estos grandes yacimientos se encuentran otros de rango inferior que son los recintos fortificados, muy abundantes en el término baenense y algunos muy bien conservados (Las Almayas, Piedras de Gilica, El Castellar, etc.). Estas construcciones tienen un evidente carácter militar y forman un sistema polivalente en el que junto a las funciones de alerta temprana, defensivas y de control efectivo del territorio hay que citar otras centradas en la explotación económica de las tierras de cultivo y de otros recursos vitales.

 

Durante la época romana el término de Baena fue ocupado intensamente. La mayoría de los yacimientos catalogados hasta la fecha se adscriben a estos momentos (villae dedicadas a la explotación agrícola del territorio) y además hay que reseñar que varios de ellos alcanzaron el rango de municipia o coloniae. Estos son los casos del Cerro del Minguillar donde estuvo municipium flavium de Iponoba, el yacimiento de Izcar donde estuvo la respublica contributa Ipscense o Torreparedones, probable asiento de la colonia inmune Virtus Iulia Itucci que menciona Plinio como integrante del conventus astigitanus. Importantes obras de arte nos han llegado de este período entre las que destacan varias estatuas togadas o la monumental representación de la emperatriz Livia personificando a la diosa Abundantia.

 

En los siglos siguientes, durante la tardoantigüedad, se produce un retroceso en el poblamiento aunque éste continúa en los núcleos más importantes. Como testimonios de este período podemos citar uno de los hallazgos más significativos de Baena cual es el crismón de Izcar, una de las mejores representaciones del monograma de Cristo y, en consecuencia, de la implantación del cristianismo en esta zona; otra evidencia arqueológica de estos momentos la tenemos en el mausoleo excavado en el Cerro de los Molinillos que guarda ciertos paralelos con algunos sepulcros de la necrópolis paleocristiana de Tarraco.

 

Casco Urbano

La escasez de intervenciones arqueológicas en el casco urbano de Baena, y, especialmente, en la zona de la Almedina, imposibilita determinar los orígenes de la población. Esas actuaciones arqueológicas realizadas en el interior de la iglesia parroquial de Santa María, en la zona de la Plaza Palacio y en el propio castillo no han puesto al descubierto restos materiales anteriores a la época bajomedieval, aunque las fuentes escritas indican que el lugar fue ocupado tras la invasión islámica de la península ibérica.

 

Para algunos investigadores el topónimo de Baena procede del árabe Bayyana que, a su vez, es la transcripción del nombre de una de las múltiples villas romanas que, como cabeza de un latifundio, perviviría hasta la época visigoda y que en el siglo VIII los invasores árabes-beréberes escogieron como lugar de asentamiento, fortificándola. Baena es uno de los topónimos con sufijo en –ana que a fines del Imperio romano y que, según Menéndez Pidal, por influencia del árabe, evolucionó a –ena, formándose sobre un gentilicio en -ius. El topónimo Baiana derivaría del nombre de un tal Baius o Baienus, un hispanorromano propietario del latifundio del cual surgiría la posterior Baena. Así resurgiría Baena como centro administrativo, militar y agrícola de la comarca. En poco tiempo se transformaría en una de las medinas y alcazabas más importantes de la cora de Cabra.

 

Las primeras noticias sobre la Baena musulmana se remontan al siglo IX con motivo de la rebelión muladí encabezada por Umar ben Hafsún, quien en su marcha progresiva hacia Qurtuba se apoderó del lugar en el año 899. Poco después, hacia el año 929 se convierte en capital de la cora de Cabra. Hay varias citas procedentes de la Crónica del moro Rasis, Yaqut y Al-Himyari. La primera fuente la describe en el camino de Córdoba a Elvira. El compilador Yaqut, quien tomó de al-Razi dice que Bayyana es una grande y bien defendida alcazaba de la cora de Cabra, que está situada en una colina en la que abundan árboles y ríos, distando de Córdoba 30 millas. De este autor también copió Al-Idrisi a mediados del siglo XII quien expresaba que Bayyana era un gran castillo construido sobre una eminencia del terreno rodeada de olivares, trigales e higueras y que desde el castillo de Bayyana al de Qabra había una jornada escasa.

 

Por su parte el compilador del siglo XV Al-Himyari dice: “Bayyana en al-Andalus entre las dependencias de Córdoba, es una de las medinas de Cabra. Se encuentra a la derecha del camino que va de Córdoba y al este de Cabra de la que está separada por una distancia de 10 millas. Está sobre una eminencia del terreno, su suelo es fértil y bien regado por aguas corrientes. Está provista de un sólido castillo y posee una mezquita aljama para predicar”.

 

En definitiva, se puede afirmar que la actual Baena nació alrededor de un castillo fundado por los musulmanes en el primer siglo de la conquista y que poco a poco fue creciendo hasta alcanzar la categoría de ciudad durante el califato, llegando a ser alcazaba de la cora de Cabra, es decir, capital de la provincia, residiendo en ella un general al mando de una importante guarnición. Del castillo musulmán apenas quedan restos emergentes (lo conservado actualmente data del siglo XIV) pero sí existen importantes tramos de muralla con algunas torres y puertas del recinto de la Almedina (Arco Oscuro, Arco de Consolación).

A la caída del califato fue brutalmente saqueada por los beréberes que huían hacia el Sur. Mediante pacto, los musulmanes se entregaron a Fernando III en el año 1241, según noticia aportada por la Crónica de Fernando Salmerón y de 1252 es una sentencia del mismo rey sobre los términos de Baena, Porcuna, Alcaudete y Albendín.

 

En el año 1267, Baena aparece ya como señorío de Don Rodrigo Alfonso, tío de Fernando III. En 1293, Sancho IV la devuelve a Córdoba, sufriendo un duro ataque musulmán en 1298. Dos años más tarde, Muhammad II sitió la villa y consiguió ganar la mitad de la misma, pero la resistencia de los cristianos impidió que cayera y los musulmanes fueron expulsados, hecho que le valió la concesión de su escudo de armas por Fernando VI. En 1394 la villa se convierte en señorío de Don Diego Fernández de Córdoba, momento en que cuenta con cuatro mil casas divididas en siete collaciones. Por el número de collaciones o feligreses se deduce que fue la villa mejor poblada del reino de Córdoba en la Edad Media. Finalmente, en 1488, es vendida al Conde de Cabra.

 

A principios del S. XVI, los señores de Baena reciben el título de duques de Sessa, con ocasión del matrimonio de Luis y Elvira Fernández de Córdoba -Duquesa de Sessa-, llevando a cabo un alto mecenazgo sobre la villa, que dará lugar a la construcción de sus más importantes monumentos. Es también por esta época, cuando la villa de Baena experimenta una fuerte expansión, tanto en el plano demográfico como en el económico, que sin embargo, se ve frenada en la centuria siguiente como consecuencia de las epidemias que azotan al vecindario y de la expulsión de los moriscos.

 

A partir del primer cuarto del S. XVIII, asistimos a una notoria recuperación. La agricultura se convierte en la actividad principal de su economía, ocupando el cultivo del cereal un primer plano, seguido por el olivar y el viñedo.

 

Pero este desarrollo no vino a paliar, sin embargo, las desigualdades sociales. La nobleza la forman medio centenar de familias con un fuerte poder económico y político. El clero experimenta un crecimiento importante en la primera mitad del S. XVI con la instalación de órdenes religiosas: Dominicas del Convento de Madre de Dios, Franciscanos y Dominicos. Más tarde, en el siglo XVIII, se establecen los Jesuitas y los miembros de la Congregación de Jesús Nazareno. Por último, el grupo más numeroso y con unos niveles económicos muy dispares, el estado llano. El primer lugar lo ocupan los mercaderes y un grupo reducido de artesanos. Le siguen los asalariados, sobre todo jornaleros del campo, que constituyen un elevado porcentaje de la población. También cabe destacar la presencia de extranjeros, sobre todo portugueses y franceses, al igual que los centenares de personas que forman la comunidad morisca. Finalmente, hasta el S. XVII, abundan los esclavos y, en la centuria siguiente, los gitanos alcanzan los valores numéricos más altos.

 

El S. XIX viene marcado por dos hechos relevantes. El primero, hace referencia a la abolición del régimen señorial en las Cortes de Cádiz. El segundo, se refiere al acontecimiento de mayor relevancia que se produjo en la historia de la villa de Baena, el reparto del Monte Horquera en el año 1821. Hecho importante pero que no dio solución a los profundos desequilibrios existentes en la sociedad baenense. Pasados algunos años, muchos de los nuevos propietarios se deshicieron de dichas tierras, como consecuencia de la falta de recursos para explotarlas, lo que provocó la devolución del dominio de la tierra a las clases más pudientes.

La persistencia de las duras condiciones de vida del proletariado baenense y los fracasos de los sucesivos regímenes por paliar su situación, contribuyeron a la radicalización de las tensiones sociales. Un ejemplo de ello, es el dramático saldo de víctimas que la Guerra Civil (1936-39) dejó en esta población.

En la actualidad, la economía de Baena se caracteriza por un predominio del sector agrícola, aunque en un contexto de desarrollo industrial creciente, y la prestación de servicios.

 

Excmo. Ayuntamiento de Baena

Plaza Constitución, 1. 14850 Baena Córdoba. Correo-e: prensa@ayto-baena.es

Teléfonos: 957 66 50 10 / 957 66 50 55 - Fax: 657 67 11 08

Diseña eprinsa

Creado con Portal - Gestión de Contenidos Web

Proyecto incentivado por la Consejería de Innovación, Ciencia y Empresa - Junta de Andalucía

Xhtml1.0 válido

Accesibilidad